Carrer dels Còdols, Barcelona, España
En el barrio Gòtic de Barcelona, los vecinos viven una situación límite ante la proliferación de okupas violentos que, lejos de ocupar por necesidad, utilizan los locales vacíos como guaridas desde donde salen a delinquir, especialmente robos a turistas y residentes. Este fenómeno, que también se ha visto recientemente en Sabadell y la Barceloneta, ha llevado a los vecinos a organizarse y enfrentarse a los okupas, ante la sensación de abandono institucional y la rápida puesta en libertad de los detenidos, a pesar de los esfuerzos policiales y operativos como el Kanpai. En la calle Còdols, los residentes han tenido que resistir activamente para evitar la reokupación de un local desalojado recientemente tras un incidente con machete. Los vecinos, desde los balcones, hicieron sonar cacerolas y lanzaron objetos para impedir el acceso de los okupas, mientras la policía desplegaba efectivos antidisturbios. Aunque los Mossos identificaron a los implicados, no se produjeron detenciones. El clima en el Gòtic es de miedo y hartazgo: los vecinos denuncian amenazas, vigilancia por parte de los okupas y una violencia creciente. Además, la presencia de narcopisos y pisos-guarida de ladrones agrava la inseguridad y la convivencia. Los vecinos temen que, tras el tapiado de un local, los okupas busquen otros inmuebles donde instalarse, lo que podría suponer, según ellos, “el fin de la calle”. Las fuerzas policiales mantienen el contacto y aseguran que combatir estos pisos de multirreincidentes es prioritario, aunque reconocen la dificultad judicial y administrativa para actuar con rapidez. La sensación generalizada es de impotencia y miedo, con vecinos que afirman no dormir tranquilos y que viven en constante vigilancia desde sus casas. Fuente: ElCaso
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