Poligono Industrial, Madrid, España
Un empresario madrileño de 44 años, dueño de una compañía de instalaciones industriales ubicada en un polígono del sur de la capital, se ha convertido en la última víctima del peligroso "clan de los afiladores". Su pesadilla comenzó cuando un individuo se personó en su nave y convenció a dos de sus empleados para afilar unas brocas industriales y coronas de sierra, alegando la necesidad de aplicarles un supuesto tratamiento con un aceite especial. Días después, un hombre que se identificó como Francisco acudió al taller a bordo de un coche BMW con matrícula francesa para devolver el material. En ese momento, exigió una cantidad económica totalmente desorbitada, justificando el cobro en el afilado por milímetros cuadrados. Ante la incredulidad del dueño, Francisco inició una agresiva campaña de coacciones, amenazando con mandar a "los drogadictos que tiene en la Cañada" a la entrada de su negocio para ahuyentar a sus clientes. Sometido a un intenso acoso psicológico, con más de veinte llamadas diarias, el empresario acabó cediendo por miedo y llegó a transferir un total de 9.000 euros. Sin embargo, el calvario no terminó ahí. A finales de septiembre, otro integrante del clan, que se identificó como Juan, contactó con la víctima con tono altivo. Le informó de que Francisco había sido "desterrado" por el patriarca de la familia por equivocarse al medir las brocas, y le exigió un pago adicional de 2.000 euros para compensar el supuesto error. Tras lograr que el empresario realizara otra transferencia un jueves, el chantajista volvió a llamar el sábado reclamando 10.000 euros más, bajo la amenaza de que el patriarca le echaría de casa si no conseguía el dinero. Harto y llevado al límite de sus fuerzas, el empresario apagó el móvil y denunció los hechos ante el Grupo XII de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid, especializado en extorsiones y secuestros. Gracias a la precisa información aportada por la víctima, los investigadores diseñaron una trampa.
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