Barajas, Madrid, España
La Policía Nacional ha desmantelado una organización criminal acusada de sustraer al menos 40 vehículos de alta gama, cuyo valor total en el mercado supera los 1.600.000 euros. La operación se ha saldado con la detención de nueve personas, varias de ellas con vínculos familiares, que operaban de forma coordinada entre la Comunidad de Madrid y la provincia de Toledo. El modus operandi de la red estaba altamente jerarquizado. Los cabecillas se encargaban de localizar y seleccionar los turismos de gran potencia durante las mañanas, fijando sus objetivos principalmente en el distrito madrileño de Barajas, actuando tanto para su propia red como bajo pedido para otros grupos criminales. Los robos se ejecutaban por las tardes empleando dispositivos tecnológicos muy sofisticados que permitían neutralizar los sistemas de seguridad electrónicos de los coches y arrancar los motores sin causar daños visibles. Durante la sustracción, los autores ocultaban sus rostros utilizando gorros, mascarillas y bragas de cuello para evitar ser identificados. Una vez robados, los vehículos eran equipados con placas de matrícula falsas correspondientes a modelos idénticos para eludir los controles policiales. Posteriormente, los estacionaban en distintos puntos de Madrid durante un mínimo de 24 horas, un periodo de seguridad utilizado para confirmar que los turismos no contaban con sistemas de geolocalización activos. Superada esta fase de comprobación, los trasladaban a talleres clandestinos situados en naves industriales de zonas aisladas de Toledo. Durante estos trayectos, los conductores iban escoltados por vehículos de apoyo que realizaban labores de contravigilancia, llegando incluso a obstaculizar el tráfico deliberadamente si detectaban presencia policial. El destino final de la mayoría de los automóviles era su despiece para la venta internacional de piezas, lo que generaba grandes márgenes de beneficio a la banda, si bien otros coches se vendían enteros a redes delictivas.
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