San Blas-Canillejas, Madrid, España
El reciente asesinato a puñaladas de un joven de 20 años ocurrido este pasado lunes ha vuelto a poner el foco mediático sobre la extrema situación de inseguridad y degradación que sufren los vecinos del entorno del Parque Paraíso, en el distrito madrileño de San Blas. Este trágico homicidio, presuntamente vinculado al menudeo de estupefacientes, es solo la punta del iceberg de un problema crónico de delincuencia que ha convertido un histórico "pulmón verde" del barrio en un auténtico infierno para sus residentes. Los habitantes de la zona denuncian que la situación comenzó a descontrolarse y agravarse a partir de febrero de 2024, cuando el Ayuntamiento decretó el cierre perimetral del Parque Paraíso para acometer unas obras de reforma integrales. Esta clausura provocó un efecto de dispersión, obligando a los toxicómanos y traficantes que habitualmente se congregaban entre los árboles a trasladarse directamente a los portales, los aparcamientos y las calles residenciales aledañas. Desde entonces, los vecinos relatan vivir un angustioso día a día marcado por la presencia constante de jeringuillas de heroína, personas consumiendo droga a plena luz del día en los accesos a sus viviendas, mujeres ofreciendo servicios sexuales por apenas tres euros y, lo más preocupante, violentas peleas a machetazos entre bandas y clanes que operan en la zona. Ante esta alarmante escalada de violencia y degradación, el miedo se ha instalado profundamente entre la población del barrio, compuesta en gran medida por personas mayores especialmente vulnerables a robos y agresiones. Como medida de protección personal desesperada ante la pasividad institucional, los propios colectivos vecinales han organizado la compra masiva de más de una treintena de esprays antiagresión para distribuirlos entre los residentes. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad y la Delegación del Gobierno mantienen un tenso cruce de acusaciones políticas sobre quién tiene la competencia.
Lo que dice la comunidad